Tema 2.
La relación del médico-paciente-farmacéutico

En los años 70 del siglo XX las competencias básicas del médico y de los otros miembros del equipo de salud incluían básicamente tres elementos:

  1. Conocimiento clínico y técnico
  2. Examen clínico o revisión de la historia clínica
  3. Resolución de los problemas de salud

Las habilidades comunicacionales se consideraban una habilidad innata. De hecho, los primeros intentos por introducirlas en la academia fueron rechazados por los mismos docentes y profesionales.

Por fortuna, esto ha ido cambiando. Desde principios del siglo XXI, las denominadas competencias blandas se han consolidado como un elemento fundamental en la formación de todo profesional.

La competencia comunicacional es una habilidad que todos los profesionales de la salud debemos aprender, incluso antes que los conocimientos propios de la carrera. De nada sirve dominar un tratado completo de farmacología si no existe una conexión genuina con los pacientes o sus familiares. Se trata de una competencia de aprendizaje permanente, hasta el punto de que está relacionada con la autoestima; por eso, aprenderla y mejorarla es una tarea para toda la vida.

En la consulta médica debe existir una comunicación fluida entre el médico y el paciente, ya que es el espacio donde se aborda el problema de salud, se establece un plan de tratamiento y, sobre todo, se resuelven las dudas y preocupaciones del paciente. Por lo general, una consulta médica sigue el siguiente orden:

Desafortunadamente, en nuestro medio la comunicación entre médico y paciente no es tan efectiva como debería ser. Existen diversas razones sociales, culturales y económicas para que esto suceda. Una de ellas es que la mayoría de las personas no vemos en el médico a una persona cercana, una percepción que se ve reforzada por el tiempo estipulado para la consulta médica en el sistema de salud, el cual generalmente resulta insuficiente para entablar una buena relación. Al no ver al médico como un igual, muchos pacientes no revelan toda la  información sobre su condición, o el médico no dispone del tiempo o la empatía necesarios para escucharlos. Incluso, es común que algunos pacientes mientan durante la consulta, lo que dificulta no solo la comunicación, sino también el diagnóstico.

Es precisamente en esta falencia donde el personal de la farmacia llega a suplir, en parte, muchos de los vacíos creados durante la consulta médica. Esto hace que nuestra labor impacte más allá de las personas o las comunidades; somos parte fundamental de la salud pública, entre otras razones, por lo siguiente:

  • Somos cercanos: Las personas nos perciben como accesibles.
  • Disponibilidad amplia: Atendemos en horarios que superan los de los consultorios médicos.
  • Relación comunitaria: Conocemos a muchos de nuestros pacientes, e incluso somos sus amigos o vecinos.
  • Tiempo para escuchar: Dedicamos más tiempo a la interacción, incluso para temas que trascienden lo puramente sanitario.
  • Asesoría integral: Orientamos a los pacientes incluso sobre productos que han obtenido en otros lugares.

Si tenemos claro cuál debe ser la comunicación entre el médico y el paciente, también debemos tener clara nuestra responsabilidad y nuestro rol como profesionales de la salud para mejorar esa relación. Si no lo hacemos debidamente, el paciente puede dudar de los conocimientos del médico, de los medicamentos recetados, de la terapia y puede terminar abandonando su tratamiento.

Para reforzar la comunicación entre el médico y el paciente debemos:

  • Transmitir al paciente que el médico es el profesional de la salud responsable del diagnóstico y el tratamiento
  • Si el paciente ha omitido información que consideramos relevante para el tratamiento, debemos indicarle que en la próxima consulta se lo comunique al profesional.
  • Si detectamos algún posible error en la prescripción médica, debemos abstenernos de dispensar y consultar con el médico para que nos explique su decisión o, en su caso, pueda corregir lo que corresponda.

Para el equipo de salud, la función de la farmacia es apoyar el diagnóstico y el tratamiento. Por ello, debemos estar a la altura de nuestra responsabilidad, entendiendo que lo que decimos y cómo se lo explicamos al paciente debe reforzar en todo momento la relación médico-paciente para lograr el restablecimiento de su bienestar. Esto es lo que nos empodera como miembros del equipo de salud.

Cinco minutos en la vida de un paciente diabético

¿Cuántas personas llegan al mes a comprar algún dispositivo para administrarse insulina? ¿Les has dedicado el tiempo suficiente? Posiblemente no el necesario. Muchos dependientes solo ven el dispositivo que entregan, no al paciente que lo requiere.

Te invito a hacer este ejercicio, que puede ayudarte no solo a entender a un paciente diabético, sino también a apoyarlo en la relación médico-paciente. Dedícale al menos cinco minutos para entablar una charla con él o ella a partir de las siguientes preguntas:

  • ¿Cuánto tiempo hace que le recetaron insulina?
  • ¿Cómo va con su nuevo estilo de vida?
  • ¿Ha tenido dificultades con la dieta?
  • ¿Qué tanto conoce sobre la diabetes?
  • ¿Ha tenido problemas con las dosis, la frecuencia, etc.?
  • ¿Qué expectativas tiene para su nueva vida?

Por cierto, si tienen habilitado el servicio de inyectología, no estaría de más indicarle que puede llevarle los elementos cortopunzantes para que no los arroje a la basura ordinaria. Recuerde que nuestra responsabilidad es también con los demás y el medio ambiente.

Después de esta charla, es importante reflexionar y ver que, más allá del dispositivo, hay personas que requieren de nuestro apoyo, de las cuales podemos aprender más que de su situación de salud: de su forma de ver la vida.

Este ejercicio lo puedes hacer con otros pacientes. A esto le llamamos en este curso la “terapia de bata blanca” en la farmacia: el espacio para compartir con nuestra comunidad. No olvides compartirlo con tu equipo de colaboradores.